El Manchester City atraviesa un momento especialmente delicado a nivel jurídico. Desde febrero de 2023, el club inglés es objeto de un procedimiento de la Premier League que implica 115 cargos, reducidos a 114 infracciones según las conclusiones de la comisión independiente, por presuntas infracciones de las normas financieras durante nueve temporadas, de 2009-2010 a 2017-2018. Las acusaciones se refieren, en particular, a la comunicación de información financiera inexacta, a la ocultación de determinados pagos y al incumplimiento de las normas que exigen la presentación de datos exactos sobre la remuneración del entrenador y de los jugadores. La comisión también criticó a los Cityzens por no cooperar plenamente con la investigación. Un procedimiento de una magnitud sin precedentes para un equipo inglés, que amenaza directamente la reputación del club y su modelo económico, construido desde la adquisición por parte del jeque Mansour en 2008.
En septiembre, la comisión independiente emitió un veredicto desfavorable al Manchester City, declarado culpable de los delitos financieros del caso. Según sus conclusiones, el club habría inflado sus ingresos comerciales hasta 900 millones de libras esterlinas gracias a acuerdos considerados ficticios. Los Skyblues, sin embargo, impugnan esta decisión y han iniciado un procedimiento de apelación. El resultado de este recurso será decisivo para el resto del caso, mientras que se mencionan varias sanciones deportivas, entre ellas una fuerte deducción de puntos, la exclusión de la Premier League o incluso el descenso de categoría al Campeonato. Incluso se ha avanzado en determinados escenarios un doble descenso, sin que tal medida se haya anunciado oficialmente. Por el momento no se ha impuesto ninguna sanción definitiva. Pero si se confirma el veredicto, las consecuencias podrían alterar permanentemente el futuro del club mancuniano, que corre el riesgo de perder mucho más que unos pocos puestos en la clasificación.
El “poder absoluto” del regulador
Ahora se suma una nueva amenaza a este archivo explosivo. David Kogan, presidente del Regulador Independiente de Fútbol (IFR), la autoridad independiente responsable de supervisar el fútbol inglés, dijo que su institución tenía el poder de obligar a los propietarios del Manchester City a abandonar el club si su gestión se consideraba inapropiada. Entrevistado en el podcast El resto es fútbolexplicó que el organismo podría pedir a un propietario que dimitiera si considerara que dirigía su club de forma contraria a los principios de equidad e integridad. Cuando se le preguntó sobre la posibilidad de que un propietario se negara a vender sus acciones, Kogan respondió sin ambigüedades que el IFR tenía una “poder absoluto” para completar el proceso. Una perspectiva que sitúa directamente los intereses del jeque Mansour y de los Emiratos en el centro de las discusiones. Sin embargo, el líder británico pidió cautela. El IFR todavía está esperando respuestas a varias preguntas antes de decidir si abrirá su propia investigación. Considera que anticipar esta decisión sería una “error colosal”mientras que la apelación del Manchester City sigue en curso.
Esta hipótesis se corresponde con ciertas exigencias del fútbol inglés, que consideran que la marcha de los actuales propietarios constituiría la sanción más justa si se comprobaran definitivamente las faltas que se le imputan al club. Para algunos, las multas, la retirada de puntos, las prohibiciones de contratación o incluso la retirada de títulos no serían suficientes para abordar la gravedad de los hechos. Según ellos, sólo un desalojo de los propietarios tendría consecuencias verdaderamente acordes con lo que se califica como dopaje financiero. Por su parte, Kogan prometió dimitir si las autoridades políticas intervinieran en una posible investigación del IFR, mientras que el expediente podría reavivar las tensiones diplomáticas entre Londres y Abu Dabi. Sin embargo, por el momento no se ha anunciado ningún procedimiento destinado a forzar una venta. El futuro del Manchester City dependerá primero del resultado de su recurso y luego de una posible intervención del regulador. Pero por primera vez, el jefe de la autoridad responsable de supervisar el fútbol inglés plantea claramente la posibilidad de que los propietarios emiratíes se vean obligados a vender el club.