El encuentro entre PSG y Rennes, inicialmente previsto para este domingo por la tarde en el Parque de los Príncipes, finalmente se trasladó al parque de Roazhon debido al catastrófico estado del terreno de juego, aunque es reconocido como uno de los mejores del mundo, capaz de soportar temperaturas invernales extremas. Un escenario directamente relacionado con los episodios de calor que azotaron la capital este verano. El campo parisino, diseñado con semillas sembradas en verano que tardan en tomar forma y resisten con dificultad las altas temperaturas, se ha visto muy debilitado por cinco olas de calor sucesivas, con temperaturas que hicieron subir el termómetro a más de 50°C a nivel del césped. A pesar de las medidas adoptadas para preservar el terreno de juego, la repetición de este intenso calor acabó degradando considerablemente el césped, hasta el punto de no garantizar ya unas condiciones satisfactorias para un partido de la Ligue 1.
La propia configuración del Parque de los Príncipes también influyó en esta degradación. La gran estructura de hormigón del estadio acentuó la acumulación y liberación de calor alrededor del campo, dificultando aún más las condiciones para el césped. Una situación excepcional que explica por qué el PSG finalmente no podrá iniciar su temporada de campeonato en su sede habitual. Por ello, el club parisino y las autoridades favorecieron el traslado a Rennes para poder jugar el cartel en buenas condiciones, en lugar de correr el riesgo de jugar en un terreno que se había vuelto intransitable. El parque, aunque equipado con un césped natural calentado y reforzado con hilos sintéticos, es víctima de un fenómeno climático particularmente intenso.